El incidente de los “Capuccino Flavoured Chocolate Sticks” (¿Dónde estás?)
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“…Y si un día estas líneas encontraras,
Es porque googleaste desesperada,
A ver si rebuscando encontrabas
En mis letras ser recordada,
Como cuando nos dio la alborada:
Mi pequeñuela, castañuela…”.
***Origen***
¿Cuántos años han pasado?
Miles, parecieran. La última vez que te vi era Diciembre y estabas diferente. Sólo diferente. Guapa, eso sí. Jamás cambiarás eso. Tus ojos me destartalaron por completo, como la primera vez que te vi… Temblé… ¿Te lo dije alguna vez?... Seguramente.
¿Cuántas veces te he escrito? Eso podrías responderlo. ¿Cuántas veces he escrito algo pensando en ti?... Eso creo que no. Muchos de esos escritos se perdieron en el mar del tiempo, el mismo mar que nos separó un buen día, cuando ya estábamos tan lejos.
Hoy se me ocurrió extrañarte. Fue casualidad. Hace tanto tiempo que no te extrañaba… Que hasta me dieron ganas de escribirte. Te extrañé muchas otras veces, seguramente muchas… Pero ni me di tiempo para meditarlas, intentar racionalizarlas, sonreír sentimentalizándolas, escribirlas o por lo menos dedicártelas, aunque sea con la mente, aunque sea con nostalgia. Aunque… un día sí escribí.
Escribo…
Temblé, te decía. Estabas radiante y eras sólo una niña, extremadamente confundida y dolida con el tiempo, el mundo, el universo… Intentaba entenderte y seguramente lo hice muy bien. Pero eras lejana, como lo eres ahora… ¿Qué podía hacer?... Usé una vieja artimaña, lo acepto, tonta, lo sé, pero… ¿Cómo podía no serlo, si no te dejabas hallar?... Creo que eso era, parte de lo etéreo que era tu ir y venir, parte de la tristeza en tus ojos, de la mirada perdida en ángulo depresivo… Parte de lo oscuro, oscuro que era tu cabello… Y lo verdes, muy verdes que eran tus ojos… Todo eso encajaba en el misterio, en esa misteriosa aparición que tuviste un buen día… En ese día que silenciosa mirabas por el balcón, luego caminaste hacia mí… Te abordé de inmediato… ¡Bendito mi trabajo!...
***Pendiente Positiva***
Y te convertiste un buen día de agosto, con olor a septiembre, en mi amada. ¡Cómo olvidarlo!... Usando artimañas, cada día mejoradas… Disfrutabas de ello en el silencio, en el secreto de saber que tenías a un hombre rendido brutalmente a tus pies. Lastimosamente ese hombre no estaba solo… Llegamos tarde, tú me lo dijiste una buena vez…
Llegamos tarde…
Y decidimos seguir, pero sin daños a terceros[1]. Así tenía que ser, pero jamás lo comprendimos.
¿Alguna vez has querido a alguien así?... Nos quisimos mucho, al menos así lo recuerdo. Por ti estuve muy dispuesto a dejar a la persona que más quise en mis “20 + x” años de vida -a la fecha-. Por ti escribí un millón y medio de palabras… Por ti jamás tuve miedo de demostrar lo que sentía, aunque sí guardé muchísimo respeto a los espacios…
Y por ti llegué a dejar a la persona que más quise, aunque luego me haya arrepentido. Por ti llegué a decir que estaba enamorado. Por ti llegué a aprender a apreciar la objetividad en las cosas. Por ti amo el chocolate y el café y por ti amo muchísimas cosas en muchas mujeres, pero sobre todo, hay ciertas cosas que amaría que estuviesen en la que quiero encontrar para aprender a amar.
Un día decidí romper el cristal… El tiempo era el adecuado. Renuncié a muchas cosas cuando empezaba ese Diciembre… Hace miles de años… Y jamás olvidaré (Dios es mi testigo, jamás quiero olvidar ese día)… Era el día 23 del decimo segundo y último mes del año. Había decido tenerte a mi lado, aunque lo que venía en adelante no era precisamente lo más adecuado para esa situación. Nunca planeamos ese día. No había pensado comprar ese libro, ni caminar a tu lado bajo ese sol alucinante. No teníamos en mente indagar sobre lo que deseábamos esa navidad… y ¡Qué mal indagamos!... Nunca tuve en mente terminar esa mañana, cuando ya era tarde, de esa forma… Y fue el momento perfecto… Y jamás olvidaré (Dios es mi testigo, jamás quiero olvidar ese día) las palabras que me dijiste, mientras corrías a tu casa, envuelta en rubor y los ojos verdes chispeantes de una sonrisa que obligaste a esconderse en enojo… Y no te resultó…
“Eso es trampa”…
“Eso es trampa”…
Te fuiste. Volviste. Me arrepentí. Llegó Enero y volviste a irte… Llegó Enero y yo estaba arrepentido.
***Punto de Inflexión (Y pendiente negativa)***
Intenté recuperarte, ahora me doy cuenta. Pero el tiempo de aquélla vez en adelante nos entregó un millón de ofertas que decidimos aprovechar. Regresaste en marzo acompañada de alguien que seguramente te ofrecía mayor estabilidad o menos volatilidad[2]. Mi arrepentimiento me costó carísimo mucho tiempo después, cuando la vida regresó a cobrarme una factura pendiente. Para esto ya estabas lejos, muy lejos, pese a que el punto en el que el destino hizo que convergiéramos un día era ya una línea en el tiempo que caminábamos entre cigarros y sonrisas, pero ya eras tú lejos… de nuevo.
Y un día la línea decidió bifurcarse de nuevo…
Y un día, no hace mucho… Sí te escribí… Pero ese alucinante par de pupilas verdes ya no estaba ahí para querer ver lo que una madrugada llegó al último número de teléfono que tuve de ti. Siempre precavido, siempre volátil: nunca lo firmé.
Y cuando era yo quien creía que ya había olvidado tus “gestos para el olvido, fonaciones sin sentido…”[3] eras tú quien se había olvidado para siempre… de mí.
***Punto de discontinuidad***
La última vez que te vi era Diciembre. Estabas muy guapa y diferente. Te esperaban y quise muchísimo que estés sola. Hubiera dado lo que sea por compartir unos minutos contigo, conversar y reír como en los viejos tiempos… Tomar un café en el lugar donde ambos conocimos al escritor que nos motivó a escribir… Escribirte algo que no sea un escarbado vestigio polvoriento, como éste[4]…
Y para no perder la costumbre… Un posible/imposible: El escrito anterior –desde el´título de la entrada, no incluye este párrafo ni los siguientes- tiene tantas palabras -incluyendo hasta la cuarta nota al pie- como “10x” veces el número de párrafos, menos “2x”. El número de palabras es múltiplo de “x” al igual que el número de párrafos que además es cuadrado perfecto. Hay tantas palabras como dos veces 179 veces la mitad de la raíz cuadrada del número de párrafos. ¿Cuántos años tengo?[5] (Dato adicional: el valor de “x” es igual al número de palabras que te quiero decir, menos tres).
Aún parece que te escuchara… Verde de mirada, hablando en francés, jugando con la voz… Espero estés muy bien en el punto donde el destino quiere que estés ahora, aunque sea lejos, una vez más…
Lejos… ¿Dónde estás, *princesa* de mi soledad? (♪)
This-place, 18 de Junio de 2009.
[1] No me gusta Arjona, pero por alguna razón verán que no es -ni será- el primer escrito en el que notarán que lo parafraseo. Paradoja, es la banda sonora de lo que viví (♪).
[2] La verdad acabo de ponerme a pensar eso en este preciso segundo… Y es raro. Raro porque he contado esta historia muchas veces.
[3] Esto lo leí en alguna parte en el fondo del mar… Es genial e inolvidable, dondequiera que esté, ese grafiti.
[4] Aunque algo de esa analogía te guste.
[5] No es broma, sí tiene solución. Sólo hay que repasar la lectura. =)




